lunes, 1 de septiembre de 2008

La Reforma Universitaria y la Universidad hoy

La Reforma Universitaria y la Universidad hoy


Los estudiantes
Si aceptamos que una clase social se define por la posición o posibilidades dadas por la posesión de medios de producción, la apropiación de plusvalía o la venta de la fuerza de trabajo, es evidente que los estudiantes no pueden ser clasificados en ninguna categoría, ya que no son patrones ni trabajadores..
Algunos estudiosos del tema, los ubican a partir de su origen social. Dado que la mayoría proviene de las clases medias o altas, parecería natural relacionar los conflictos de estas clases sociales con los estudiantiles. Este razonamiento aporta confusión, ya que el estudiante, además de las influencias que contiene de la educación propia de su origen, incorpora el sentido de rebeldía de las fuerzas nuevas y las contradicciones propias de su aproximación a la función de intelectual.
Suena más razonable definirlos como una capa o grupo social, con intereses y puntos de vista propios, independientes de las clases sociales.
La hegemonía lograda por las aristocracias coloniales en el proceso de las luchas por la independencia latinoamericana, se reproduce naturalmente en sus universidades: La enseñanza universitaria es, en este esquema, un privilegio de las minorías, lo cual la lleva a una inevitable burocratización académica.
El objetivo es el de formar y disponer de doctores y técnicos funcionales a los sectores dominantes. Este elitismo definidamente conservador, obstruye los caminos de la evolución del pensamiento, llevando a los claustros universitarios el empobrecimiento científico.
La universidad, creada para formar a los intelectuales orgánicos de la burguesía, se encuentra encerrada en un doble callejón sin salida.
“... no es funcional ni en relación a las demandas de la economía capitalista ni en relación a las demandas de aquellos que quieren derrocar al capitalismo; no dispensa ni una “cultura útil” ni una “cultura rebelde” (la cual, por definición, no se dispensa); dispensa una cultura universitaria, un saber separado de toda práctica productiva o militante. (...) No puede, entonces plantearse el reformar la Universidad, sino solamente destruirla para destruir a la vez la cultura separada del pueblo que ella encarna (la de los mandarines) y la estratificación social de la cual sigue siendo, a pesar de todo, el instrumento” (André Gorz: “Destruir a la Universidad”. Tiempos Modernos Nº 285. París)
Así como la lucha por la modificación de las condiciones de trabajo, sólo pueden ser encabezadas y dirigidas por los trabajadores, la transformación de estas uni8versidades petrificadas, debían ser iniciadas por los estudiantes.
Cuando recientemente se produjo la toma del rectorado de la UBA, se alzaron voces desde los medios de comunicación, incluso de algunos profesores “progre” espantados ante la politización de los estudiantes.
Deodoro Roca, uno de los fundamentales actores de la Reforma Universitaria, decía: “el puro universitario es una cosa monstruosa”. y para José Carlos Mariátegui, “las luchas estudiantiles deben politizarse e ir más allá de las meras reivindicaciones universitarias”. El reclamo por la modificación de los métodos pedagógicos y la reforma del sistema docente, deben continuar y alcanzar un planteo revolucionario que modifique a toda la sociedad. Mariátegui sostiene que las luchas estudiantiles deben eludir las internas del poder o alinearse en ninguna fracción del sistema, construyendo una alternativa propia, autónoma, revolucionaria.
A mediados del siglo XX, los estudiantes profundizan sus cuestionamientos. La falta de fondos en el presupuesto universitario, comenzaron a enlazarse con las desigualdades de la sociedad en su conjunto; los contenidos de la enseñanza, se explican por el objetivo de legitimar el poder a través de la educación; la falta de democracia en la vida universitaria, se vincula con los intereses de clase del Estado; las prohibiciones y control, de las actividades sexuales, con la dominación de una clase sobre otra.
Los estudiantes, casi siempre, se identifican con las nuevas ideas o los proyectos que intentan modificar la organización social, aunque comprendan finalmente que no alcanzan a los conflictos esenciales. La universidad ofrece siempre un escenario propicio para el debate ideológico.
Este debate, no siempre refleja el pensamiento político que pueda circular fuera de la universidad, incluso de la clase social de donde provengan. A menudo, la clase obrera se mantiene ajena a sus inquietudes y no responde a los esfuerzos de algunos grupos estudiantiles que imaginan ubicarse como centro y bandera de luchas que los trabajadores no tienen planteadas. Esto sucede porque el ámbito universitario se encierra en sí mismo, creando un clima político divorciado de la realidad que circula por las calles.
No necesariamente los estudiantes adoptan ideas radicales, ni adhieren a políticas enfrentadas con el sistema. En tanto la universidad refleja los intereses y conflictos de la sociedad a la que pertenece, es natural que haya grupos que representen las ideas de las clases dominantes. Los centros de estudiantes latinoamericanos, desarrollan abiertamente las representaciones de los partidos tradicionales. Sucede con la democracia cristiana en Chile y Venezuela, el PRI en Méjico, el peronismo y el radicalismo en La Argentina.
Incluso el movimiento estudiantil puede llegar a ser en algunas etapas, tan reaccionario, que se lo puede ubicar como de ultra derecha. En la década del 20, los estudiantes ingleses actuaban de rompehuelgas. Aún más extremo, fue su papel en Indonesia, con la caída del gobierno popular de Sukarno; su misión fue delatar a quienes debían ser asesinados por los piquetes militares, que llegaron a alrededor de 700.000 indonesios. Durante el primer gobierno de Perón, las organizaciones estudiantiles se incorporaron al frente oligárquico – imperialista de oposición. Colaboraron con el golpe reaccionario de 1955, y actuaron de rompehuelgas en una huelga de los trabajadores del transporte automotor. En los intentos de golpe de estado contra el gobierno de Chávez, y en el plebiscito por la reforma de la constitución en Venezuela, importantes sectores universitarios actuaron como fuerzas de choque de la derecha.
La complejidad del sector determina que las representaciones de los partidos en las universidades, ubicados en su ala izquierda suelen entrar en conflicto con su línea política, provocando rompimientos extremos. Un desprendimiento de la Acción Democrática, de Rómulo Betancourt, creó el Movimiento de Izquierda Revolucionaria Venezolano; de la separación del APRA surgió el MIR peruano, dirigido por De La Puente Uceda que luego fue un destacado dirigente guerrillero; de la democracia cristiana chilena, grupos disidentes fundan el MAPU y el MIR, que se integran a la Unidad Popular; en La Argentina, universitarios integrantes del peronismo, radicalismo, del PC, se incorporan a Montoneros, ERP y otros movimientos guerrilleros.

La Reforma Universitaria

En América Latina, Afrecha y Asia, los estudiantes tienen una larga experiencia de participación en las luchas antioligárquicas, antiimperialistas y anticolonialistas.
En nuestro continente, el antecedente más significativo surge en Argentina. En 1918, el estudiantado cordobés comienza a reclamar cambios académicos y culturales. El debate y las exigencias de una renovación pedagógica se extienden por toda América Latina.
Es oportuno recordar el escenario internacional. A la conmoción y reacomodamiento provocado por la Primera Guerra Mundial, se agrega la revolución rusa que se convierte en el primer Estado Socialista, y el triunfo de la revolución mejicana. Todo lo cual hace visualizar un proceso de liberación que ya había comenzado en China y se creía que continuaría en la India.
En el orden nacional, el movimiento registra como antecedentes las grandes huelgas realizadas en la Facultad de Derecho y en la de ciencias Médicas de Buenos Aires a comienzos del siglo XX. Estos acontecimientos dan origen a un movimiento estudiantil con influencia socialista. En abril de 1918 se crea la Federación Universitaria Argentina (FUA), integrada por estudiantes de Tucumán, Santa Fé, Córdoba, La Plata y buenos Aires.
En el orden político, un hecho trascendente es la aprobación de la Ley de Sufragio Universal, en 1912, y en 1916 se produce el triunfo del radicalismo, celebrado como un triunfo del reclamo popular.
Sin desconocer la influencia que estos acontecimientos puedan haber tenido en el ámbito universitario, el movimiento estudiantil tenía motivaciones propias. El hecho de ser Córdoba el punto neurálgico, se debe a que es donde están más agudizadas las contradicciones entre una juventud que observa un mundo en proceso de cambio, y la sociedad local, empecinada en detener el tiempo.
La Universidad Cordobesa funcionaba igual que en 1613, cuando fue fundada. Dominado por el patriciado tradicional, con el manejo de las autoridades religiosas, imponía un extremo régimen de autoridad, rechazaba el método científico y experimental, y se enseñaba teología y derecho público eclesiástico.
Los estudiantes cordobeses comienzan a reclamar el cambio de sistema de cátedras. Frente al rechazo de las autoridades deciden iniciar una huelga que se cumple exitosamente y se extiende a todas las universidades del país. Se organizan manifestaciones reprimidas violentamente por la policía, lo cual produce la solidaridad de sindicatos y partidos de izquierda.
El 21 de junio de 1918, los estudiantes emiten un histórico documento: “Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria” “La Federación Universitaria de Córdoba reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el Demos universitario, la soberanía, el derecho a darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiantes. El concepto de autoridad que corresponde y acompaña a un director o a un maestro en un hogar de estudiantes universitarios no puede apoyarse en la fuerza de disciplinas extrañas a la sustancia de los estudios. La autoridad de un hogar de estudiantes no se ejercita mandando, sino sugiriendo y amando: enseñando”
En otro párrafo, se pone de manifiesto el espíritu liberal y anticlerical: “No podemos dejar librada nuestra suerte a la tiranía de una secta religiosa”
En septiembre, a tres meses de huelga, los estudiantes toman la universidad. Asumen el gobierno de la misma, eligen a los profesores e incluso a los decanos. Se dispone el levantamiento de la huelga y se invita al pueblo al acto de iniciación de las clases, que es impedido por la policía y el ejército. Finalmente el gobierno irigoyenista no tiene más remedio que aceptar las exigencias. Establece un nuevo estatuto que adopta la docencia libre y la participación de los alumnos en el gobierno de la universidad.
Las ideas de la Reforma. se pueden sintetizar en tres conceptos:
1. Democratización de la Universidad, con un gobierno autónomo formado con profesores, estudiantes y graduados.
2. Terminar con el oscurantismo, imponiendo una enseñanza científica. Para ello exigían profesores idóneos, elegidos por concurso.
3. Vinculación de la universidad con los problemas políticos y sociales del país. Los estudiantes reformistas buscaron la alianza con sectores populares, solidarizándose con la lucha antiimperialista de América latina.
No se puede ni se debe desconocer la proyección latinoamericana de la Reforma.
El Manifiesto Liminar comienza con la frase: “La Juventud Argentina de Córdoba a los Hombres Libres de Sudamérica…” En párrafos posteriores el mensaje continúa: “Nuestra América hasta hoy ha vivido de Europa, teniéndola por guía. En cultura la ha nutrido y orientado. Pero la última guerra ha hecho evidente lo que ya se adivinaba: que en el corazón de esa cultura iban los gérmenes de su propia disolución. Su ciencia estaba al servicio de las minorías dominantes y alimentaba la lucha del hombre contra el hombre… Para los jóvenes, esto trajo como consecuencia el despertar de un continente que vivía colonizado por el pensamiento europeo y cuyos hombres representativos sólo aspiran a figurar como rasgo notorio de discípulos en el concierto mundial de la inteligencia”
La convicción americanista de la Reforma le permite promover acciones concretas en dirección de una fuerte solidaridad y organización internacional.
En 1921 se realiza el Primer Congreso Internacional de Estudiantes en la ciudad de México, de allí surge la Federación Internacional de Estudiantes. En 1925, se organiza también en México, el Primer Congreso de Estudiantes Iberoamericanos. Allí fueron declarados “Maestros de la Juventud”, Alfredo Palacios, Miguel de Unamuno, José Ingenieros, José Martí y José Vasconcelos Calderón. En 1937 se organiza en Santiago de Chile, el Primero Congreso Latinoamericano de Estudiantes, realizándose el Segundo en la ciudad de La Plata (Argentina).
El ejemplo argentino es imitado, primero Perú, luego Cuba, después todos los países latinoamericanos desarrollaron sus propias luchas. En 1920, Gabriel del Mazo, Presidente de la FUA, firmó un convenio con su par de la Federación de Estudiantes del Perú, comprometiéndose a intensificar el intercambio cultural, solidarizarse con la Reforma, luchar por crear o sostener universidades populares y a realizar periódicamente congresos internacionales de estudiantes.
En diciembre del mismo año se firmó otro acuerdo con los estudiantes de Chile, y se organizó el Primer Congreso Nacional de Estudiantes del Perú, seguido por la Convención de Estudiantes de Chile y el Primer Congreso Internacional de Estudiantes realizado en México, en 1921.
Durante la década del 20, la Reforma se extiende y camina por toda Latinoamérica.
La Reforma marca el nacimiento de una generación con un nuevo pensamiento latinoamericano. El proceso de las luchas estudiantiles en Argentina, Uruguay, Chile, Perú, México, Cuba, etc. Si bien parten de incidentes secundarios y distintos, desnudan un mismo origen: el reclamo de una reforma no sólo académica, sino de toda la sociedad.
El sentimiento casi místico de la posguerra, la pasión revolucionaria, la idea confusa de que el mundo entraba en una etapa nueva, a partir de haber develado la inhumanidad del capitalismo; empujaba a los jóvenes a llevar a cabo una heroica misión histórica.
La ideología del movimiento estudiantil, tanto en América Latina como en Europa, no era homogénea, entre otras cosas, porque tanto los viejos partidos socialistas reformistas, como las organizaciones de izquierda, se acomodaron a las ideas demo liberales.
El peruano José Carlos Mariátegui, uno de los impulsores de una lectura latinoamericana del marxismo, rechaza la visión economicista originada en la URSS, después de la muerte de Lenin, que subestima la especificidad del problema educativo.
Enfrenta el pensamiento impulsado por Victorio Codovilla, fundador y cabeza política del Partido Comunista de la Argentina, que desprecia a la Reforma Universitaria, calificándola como “simple ideología pequeño burguesa e idealista”, como lo expresa en la Primera Conferencia Comunista Sudamericana de 1929. Esta incomprensión del P. Comunista, se repite 50 años después, con las luchas estudiantiles del 68 europeo.
Las banderas reformistas son recogidas, en su propio contexto político y social, cincuenta años después, por el estudiantado europeo
Los años 60 quedaron marcados por lo que se llamó “El Mayo Francés”. Este movimiento no fue un hecho aislado ni producido por casualidad o por la espontaneidad de un grupo de estudiantes universitarios franceses.
Los estudiantes de la Facultad de Letras, Leyes y Magisterio de Turín, hacen público un documento en 1968, titulado: “Didáctica y represión” “Por lo que se refiere a la investigación, en nuestra Universidad, investigar quiere decir publicar artículos o libros. Y como el prestigio de los profesores se mide por el volumen de las publicaciones que realiza el Instituto en el que se encuentran enfeudados, impulsan a asistentes y becarios a trabajar en investigaciones completamente inútiles, pero susceptibles de ser publicadas y que valen para triunfar en los concursos... Por lo que se refiere a la didáctica, en la lección magistral el catedrático recita de memoria sus libros y, en el seminario, bajo su dirección sólo se llega a descubrir lo que ya se sabía y quería que fuese descubierto... En cuanto al estudiante, tiene un simple papel receptivo y pasivo. Tiene que perder el día y aceptar un conjunto de vacíos ritos académicos, como son las lecciones, seminarios y laboratorios, pretendiendo hacérsele creer que éste es el único medio de apropiarse de la ciencia y la cultura... Los exámenes, las lecciones, la pérdida de tiempo, el adoctrinamiento, los procedimientos disciplinarios, la imposición desde arriba de la ciencia y de la cultura, son formas de control y de violencia que se ejercen sobre los estudiantes” *
En el mismo año 1968, los alumnos del Instituto de la Universidad de Ciencias Sociales de Trento, manifiestan: “La Universidad es una de las instituciones productivas del sistema social actual, como sistema mercantil (sistema de mercancías). Produce un tipo particular de mercancía: el hombre, considerado como mercancía, como fuerza de trabajo calificada o en camino de calificación, como diplomado o candidato al diploma. La finalidad de esta Institución productiva (la universidad) es ubicar esta mercancía (los estudiantes diplomados) en el mercado de trabajo, a fin de venderla y de insertarla en el ciclo complejo de reproducción social para que ella sea consumida... No es esencial, por consiguiente, para este tipo de institución productiva terminar el proceso de producción de la mercancía. Así la parte más grande de la mercadería estará ubicada en el mercado, en el lugar de trabajo de tiempo parcial, es decir: el estudiante-trabajador, luego simplemente trabajador, sin haber terminado el ciclo de sus estudios” *
El movimiento de rebeldía estudiantil hasta mediados del siglo XX, no se limita a enfrentar al sistema universitario, al servicio de la sociedad de consumo. Empujado por su natural audacia y falta de prejuicios sociales y políticos, ataca los conceptos fundamentales de las clases medias (de donde proviene la mayoría de ellos mismos), a los partidos políticos, no sólo los de la derecha sino también a los de la izquierda.

La actualidad

A partir del retorno de la normalidad institucional del país, la conducción de la Universidad y del movimiento estudiantil, estuvo en manos del radicalismo y del menemismo, quienes trasladaron a éste ámbito los vicios y corrupciones de su práctica política. El desafío, sustancialmente es el mismo que enfrenta el campo popular en su conjunto: elaborar un programa de acción que posibilite unir, tanto a las innumerables fracciones como a los dispersos y desencantados, aprovechando los espacios que abre el gobierno nacional con su política de Derechos Humanos, la reivindicación de la militancia de los 70`, entre otras cosas.
El fracaso del neoliberalismo en el plano político, no tuvo las mismas consecuencias en el universitario. Los promotores de una universidad elitista y “eficiente”, siguen ocupando espacios importantes. El poder de las multinacionales y los grandes capitales “nacionales”, sigue intacto, saboteando investigaciones, programas o prácticas de estudio; promoviendo a su vez, actividades y líneas de trabajo que apuntan a formar un profesional a la medida de las necesidades del mercado de trabajo privado, fogoneando periódicamente campañas contra la universidad libre y gratuita.
Independientemente de reclamos sectoriales y reivindicaciones inmediatas, justas y necesarias, el programa de acción del que hablamos, debería tener como objetivo central, la democratización real y efectiva de las universidades, modificando de raíz su sistema de conducción y administración, incorporando en un plano de igualdad, no sólo a los estudiantes, sino también a los gobiernos provinciales, a los trabajadores y pequeños y medianos productores, con el fin de analizar y promover carreras y programas de estudio que atiendan a las necesidades de cada región del país.
Frente a la necesidad de reconstruir la industria nacional, resulta contradictorio comprobar que las universidades públicas, siguen sosteniendo prioritariamente carreras de servicio, propias del modelo de los años 90`.
Según datos del Anuario 2005-2006, de la Secretaría de Políticas Universitarias, del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, el 75,6 % de los estudiantes, cursan carreras de Ciencias Básicas, Humanas, Salud y Sociales. Sólo el 24,3%, siguen carreras de Ciencias Aplicadas. En particular, las carreras de Derecho y las Económicas, concentran el 34.9% de egresados.
Una universidad con una conducción compartida, como la que proponemos, estaría en condiciones de estudiar seriamente y modificar este perfil, impulsando una mayor proporción de ingresos a las carreras de Ciencias Aplicadas. Mientras tanto, resulta prioritario debatir el tema, no sólo los ámbitos académicos, sino la sociedad en pleno.
La financiación de la universidad se sostiene con el aporte de todos nosotros. Si relacionamos el presupuesto 2008 (ley 26337), con el cálculo de egresados para este año (62900), cada uno de ellos nos costaría a todos nosotros, algo más de $ 89.000
Volvemos a afirmar que la universidad pertenece a la Nación y al pueblo en su conjunto. En consecuencia resulta razonable exigir que tanto la institución como los estudiantes, así como ejercen el derecho a enseñar y a estudiar, tienen el deber de dar respuestas a las necesidades de la población en general, y en particular de la región que les corresponda.
Las universidades tienen consultorías rentadas para atender tanto al sector privado como al Estado. Es natural y razonable que la institución genere sus propios recursos. Pero esto debe estar acompañado de un servicio similar, gratuito y permanente, destinado a los pequeños y medianos productores. El concepto de gratuito es simplemente para clarificar una condición de este servicio, ya que como lo explicitamos, este sector aporta a la financiación de la universidad.
En cuanto a los egresados, podría resultar valioso en más de un sentido, instituir el compromiso, contractual inclusive, de una práctica profesional de un año, con carácter social, en las pequeñas comunidades del país, que no tienen acceso a esta asistencia y que son las que más la necesitan. De esta manera, los nuevos profesionales, estarían “devolviendo” la inversión del Estado, y se iniciarían en su profesión con una visión real del país al que pertenecen.

Algunas reflexiones

En nuestro país atravesamos una etapa donde es posible retomar la ofensiva en la lucha de las ideas.
Para ello, es necesario construir una política universitaria que exceda el discurso progresista, el sectarismo casi teológico de las “izquierdas”. Detectar lo nuevo en el modo de pensar y actuar, en amplios sectores que están buscando un espacio donde organizarse; modificar la práctica y formas de organización; elaborar un nuevo diálogo con el estudiantado.
Para mencionar un aspecto: la participación en las elecciones estudiantiles. Es imprescindible alejarse del espectáculo mediático, condimentado con negociaciones y rupturas entre agrupaciones, por cuestiones mezquinas; del ejercicio de una política vacía de contenido, cuyo único objetivo es el de “sumar” militantes y captar votos, copia de los vicios de los partidos tradicionales, cuyo efecto es el aburrimiento y rechazo de la mayoría de los estudiantes. La alternativa es generar dirigentes estudiantiles surgidos de una correcta lectura de las aspiraciones y necesidades de una universidad nueva, con militancia en las aulas, y no de designaciones tomadas en la niebla de las agrupaciones y partidos.
Los intelectuales que se encandilaron con Alfonsin, luego con el Frepaso, los que en el menemismo criticaban desde posiciones derechosas, la modernización y el “primer mundismo” quedaron en “orsay”, pero no se fueron de la cancha. El radicalismo en la universidad, no tiene salidas ni respuestas políticas. La disputa por la hegemonía, desde una posición, sino revolucionaria, sí transformadora de las estructuras y métodos de estudio, tiene que estar sólidamente vinculadas con el objetivo de conformación de un Movimiento Nacional, Popular y Revolucionario.

Rubén Amaya
Escritor -
Ex Presidente de SADE Tucumán
Obras Publicadas: Libros de poemas – cuentos – ensayos
Teatro - Canciones
Publicado por Rubén Amaya en 13:42 0 comentarios

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